Mal de muchas

Los domingos suele venir mi hermana con su familia. Tres niños tiene. Mis sobrinos. Los dulces nietecitos de mi madre. Todo es un alboroto, desde las compras del día anterior hasta la hora en que se van. Pero sirve de evasión esa visita para soportar el agobio de los almuerzos las dos solas. Nuestros almuerzos de domingo suelen terminar con la frase, Al menos un hijo hubieras tenido.

Derroche

Todo bien, sí. Mamá está bien, perfecta. A su manera, claro. ¿Tampoco? Pensé que aparecías de vez en cuando, que los llamaba. Es un desastre como yo entonces, qué cosa.

DE CARA AL SOL

El día en que me recibí, llevaba un saco largo que caía en gajos como una capa, de color rojo fuego, y el pelo largo y suelto como una bruja, una amazona. También, estaba que la emoción y la alegría no me cabían en el cuerpo. Fue en la cena que tuve con mi familia esa noche, después del dictamen de “diez con recomendación para publicar”

No alcanza con nuestra existencia

Tenés que tener un hijo en la vida, aunque sea uno, amiga. ¿No viste la vida que tienen las mujeres que no tienen hijos?

Me dijo una amiga hace varios años, mientras comíamos milanesas con papas fritas en un bar de Avenida San Martín.

Papeles de Ana

Me sorprendió recibir una carta de Estados Unidos. Y mucho más su pedido de información sobre mi prima Ana. En mi familia no hablamos de ella después del accidente de los tíos en la ruta a Mar del Plata. Ana siempre fue muy reservada. La verdad, el pueblo le quedó chico. Si bien se encargó de poner a los padres en un geriátrico caro, los veía cada muerte de obispo. Las visitas a mi mamá eran más prolongadas.

Por nada extra ordinario

De a poco empecé a decidir, a sentir por mí misma. Trabajé, estudié, me interesé por esto y aquello, traté de divertirme, de estar acompañada, de disfrutar el sexo, la música, la salida del sol, la puesta, el mar, la montaña, en otoño, en primavera, las calles arboladas, la brisa fresca, el calor del sol en la piel, el sudor, el latir fuerte, el agitarme y después relajar, comer alfajores, chocolate, pasear con mi perra, abrazarla.

Caída de las nubes

De Violaine Bérot Fragmento. 115.            Marion solo salía de su modorra para preguntar por los animales, yo observaba a esa mujer con la que había elegido vivir y no la entendía, pensaba pero qué madre puede comportarse así, abandonar tan radicalmente a su hijo, qué se le habrá quebrado, destruido, […]