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El niño ya lleva tres años con ellos. ­Tres años desde que durmió por primera vez en esa casa y comenzó a acostumbrarse a llamar papá y mamá a esas personas que lo habían adoptado. ­Tres años de desa­yunar, irse de vacaciones y ser protegido por ellos. ­Tres años de contrastar la buena vida que lleva en esa casa con la vida que vivió en el instituto antes de la adopción.

Yo pensaba que así como de chiquitas teníamos que obedecer a quienes nos cuidaban, comer sentadas, dormir a la noche, ir a la escuela, hacer la tarea, sacar las mejores notas que pudiéramos, de grandes había otras cosas igual de incuestionables.

De Natalia Peroni

La mujer se pasa la mano primero alrededor de un ojo

De Mariana Maccari.

De Sandra Comenucci

De Natalia Accossano Pérez