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Cuando pienso en la imagen de la mujer soltera y sin hijes que tenía cuando era chica, la primera que se me viene a la mente es la loca de los gatos de los Simpson: una señora mayor, de pelo gris enmarañado, que no podía hablar y andaba por la calle en pantuflas, rodeada de sus decenas de gatos.

Ojalá alguna mujer me lo hubiera dicho a mis veintipico.Ojalá alguna mujer me lo hubiera dicho para darme cuenta de que yo no era la única, de que otras habían tomado la misma decisión.Ojalá alguna mujer me lo hubiera dicho a mis veintipico, para conocer su experiencia, para saber que estaba bueno vivir así, para no sentir tanta culpa y tanta deuda (vaya a saber con quién).

“No conoces el amor verdadero hasta que tenés un hijx. Es un amor que nunca antes sentiste, más grande que todo.” Frases como esta me han dicho muchas veces. Cómo se contesta a semejante rebaje de mi existencia?Otras mujeres me imponen una carrera contrarreloj y aún tienen esperanzas de que alcance su meta. “41 años tenés? Pareces más chica. Todavía estás a tiempo”, me alientan. “Congelaste óvulos?”.

Y les niñes llegan con una agenda bajo el brazo…. para sus mamás. Está escrito en esas páginas lo que ocurrirá de ahora en más, a saber: alimentar, bañar, lavar, cocinar, vestir, desvestir, sonrisas, llantos, abrazos, suavidad, ternura, alegrías, preocupaciones, insomnios, cansancio, postergaciones. Durante largos años, vendrán días y noches de “tiempo compartido”, con una clara prioridad: esa o ese que acaba de llegar.

Hablamos de nuestros padres, de, los de nuestres hijes, de esos varones a nuestro alrededor que alegremente traen vida de la que no se hacen cargo y hablamos de un el sistema social (pero sobre todo político y económico)  organizado para convencernos y educarnos para vincularnos con ellos, “elegirlos”, sostenerlos, “perdonarlos” y encima hacernos creer que la culpa de que no nos hayan cuidado o no cuiden a su descendencia en el presente, es nuestra. O que si hay uno por ahí que hace lo que cualquier madre, es un héroe merecedor de aplausos y miradas condescendientes. 

Cuando mi mamá se fue me dio un beso en la frente y una estampita de la virgen María, que es la mamá del niño Jesús.

Los domingos suele venir mi hermana con su familia. Tres niños tiene. Mis sobrinos. Los dulces nietecitos de mi madre. Todo es un alboroto, desde las compras del día anterior hasta la hora en que se van. Pero sirve de evasión esa visita para soportar el agobio de los almuerzos las dos solas. Nuestros almuerzos de domingo suelen terminar con la frase, Al menos un hijo hubieras tenido.