De Mariana Maccari.
En otra línea del espacio-tiempo existís.
En mis sueños te hago dos colitas, armo tu mochila y caminamos a la escuela.
La tristeza me rebalsa los ojos con alquitrán cansado mientras la seño me avisa que otra vez te portaste mal. Sos otra vez yo, y yo otra vez ella (mi madre).
Estoy sola con todo, sola y atada. Empobrecida y vacía. Cansada, pero siguiendo.
Volvés de la escuela a un almuerzo que odio hacer y vos no disfrutas. Me contás cosas que no puedo procesar: me aturde tu voz, me ofende tu presencia cuando llega la hora de la siesta.
Trato sin éxito de disimular el hastío de atar tus zapatillas y pisar tus rasty. De darte amor a través de todo este tedio.
Te he deseado, te he parido y aquí estás. Ahora te des-deseo porque el mundo es cruel con una madre sola… pero no puedo des-parirte.
Me despierto llorando, te extraño, te amo y te anhelo. Pero la verdad me muerde los pechos, me traga el útero baldío.
¿Qué hubiera sido de nosotras si así rota te traía a esta casa descascarada, deprimida y autista?
¿Cómo te hubiera explicado el suicidio de tu papá y los desprecios de tu abuelo?
¿Hubieras podido superar la mentira terrible de escribir en tu cuaderno escolar mi mamá me ama, mi mamá me mima?

