La loca de los gatos

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De Natalia Accossano Pérez

Cuando pienso en la imagen de la mujer soltera y sin hijes que tenía cuando era chica, la primera que se me viene a la mente es la loca de los gatos de los Simpson: una señora mayor, de pelo gris enmarañado, que no podía hablar y andaba por la calle en pantuflas, rodeada de sus decenas de gatos. Hay un capítulo en particular en el que se nos revela su historia y resulta que se trataba de una mujer independiente y brillante en su trabajo, que se vuelve loca por el estrés ¿Les suena? A mí sí, un montón.

Cuando tenía unos veinte años y me acababa de mudar sola, adopté una gata, lo que dio lugar a que mis amigues me llamaran “bruja” y “loca de los gatos”; me decían cosas como que “todavía zafaba”, pero que si seguía así, “en unos años iba a envejecer sola y con una docena de michis como única compañía” ¿A qué se referían con “si seguía así”? En general, hablaban de que era independiente, deseante, con muchas metas académicas, abiertamente bisexual y no tenía pelos en la lengua. Por eso, enarbolé una orgullosa defensa del personaje: ser la loca de los gatos no me parecía un mal destino. Hacía poco había terminado una relación terrible, con mucha violencia, y, en comparación, vivir sola con gatos me parecía un auténtico final feliz.

¿De dónde saqué el valor para ser tan feminista aguafiestas a los veinte años? La verdad es que no lo era tanto; ahora pienso que era bastante cocorita, pero con el corazón blando y caí en la estafa de la belleza y del amor romántico como todas. Pero igual quise vivir sola con mi gata; igual me fui sola de mi ciudad a hacer un intercambio en otra universidad; igual nunca quise ser madre. La única razón que tengo para todo esto es una pulsión interna que se logró imponer sobre todos los mandatos (en forma de miedos muy terribles) que vinieron de afuera; eso y el ejemplo de mi directora de tesis, otra “bruja loca de los gatos”.

Esa gata que adopté entonces me acompañó durante doce años. En ese tiempo pasaron parejas más bien peores, me recibí, empecé un doctorado, me fui alejando de ese grupo de amigues y me mudé varias veces: vivimos solas, nos volvimos de mis viejos, vivimos con un novio, nos volvimos de mis viejos, vivimos con amigas y, en sus últimos años, volvimos a vivir juntas las dos solas. Durante este tiempo, la economía familiar no me dio para adoptar once más, pero igualmente, no dejé de sentirme la bruja solitaria y un poco loca. Como tampoco dejé de sentir nunca que eso estaba bien, que nosotras dos solas, acompañándonos, estábamos bien; que si estábamos juntas, donde fuera tenía nombre de hogar.

Por supuesto que mi decisión de no tener hijes no pasó desapercibida, y las formas de hacérmelo saber se hicieron más intensas a medida pasaban los años. Cuando me recibí y dije que iba a empezar un doctorado, el comentario generalizado fue “¡Hasta cuando vas a estudiar! ¿no pensás tener familia?” Porque, por supuesto, mi pequeña familia humano-felina de dos no era aceptable. Mi viejo me llegó a amenazar con pincharme los preservativos para que quedara embarazada… y no, no estoy exagerando.

Pero los años siguieron pasando y yo me fui alejando de los lugares que no me hacían bien. Mi vida (el tiempo que viví con amigas, sola con mi gata y ahora, que vuelvo a convivir) no fue perfecta, pero sí muy feliz. Resultó que mi brújula interna me llevaba a publicar papers, asistir a congresos, viajar de acá para allá y no a cambiar pañales; una gata en la falda es lo mejor para cuando una se la pasa sentada leyendo y escribiendo, no así las criaturas que reclaman más atención. Y por más que me amenazaran con eso y mucho más, no me siento vacía, desolada, sin rumbo… Por el contrario, siento que tomar por la contraria, con todo lo que implica, hizo que cada paso dado en esa dirección fuera firme y decidido. Y no juzgo la brújula interna de nadie, si nadie juzga la mía.

Ahora tengo 37 años, ya es un poco de mal gusto que me insistan con les hijes y la presión familiar aflojó bastante… o yo me alejé hasta dejar de sentir presión. La decisión que venía postergando para más adelante ya está definitivamente tomada: me gusta mi vida así, sin hijes y con gatos. Me gusta tener tiempo y silencio y disponibilidad para escribir, para leer, para mirar al vacío con una taza de té y un michi en la falda. Me gusta cultivar plantas y vínculos de diversos tipos, ahí derrocho cariño y cuidados y siento cómo me vuelven. Realmente me siento satisfecha, me siento mimada, querida, cuidada; y creo que va a ser así por muchos años, porque es una forma del amor libre, sin ataduras ni obligaciones.

Y quizás las cosas cambien para bien y mi economía familiar mejore y pueda adoptar once gatos más. Nada me parece mejor futuro que ser una señora a la que no le preocupa estar despeinada y en pantuflas, rodeada por sus gatos.

9 respuestas

  1. ¡Qué bien expresado! Felicitaciones por haberte mantenido firme con tus decisiones. Se transmite muy bien todo lo que implicó el camino y resulta muy inspirador

  2. Siempre supe que no quería tener hijos porque siempre pensaba en mi futuro viajando y desarrollándome profesionalmente y sabía que eso no iba de la mano con maternar.
    La presión es tan grande que pase años pensando que quizás había algo malo en mí pero el instinto de no tener hijos era mayor. Cuando llegué a los 40 sentí gran alivio pero pasé incluso por un aborto para darme cuenta q nunca quise hijos. Hoy con mi marido cada vez q viajamos o vemos a otros tener hijos decimos q fue la mejor decisión que tomamos.

  3. Maravilloso tu relato, compañera. Lo estoy leyendo con mis dos gatxs acostados sobre mi falda, ronroneando porque esperaban ansiosamente que llegara a casa. Somos una hermosa y feliz familia de tres. Con mi compañero no convivimos y ningune quiere tener hijes. Las críticas y los comentarios son constantes. No tuve brújula porque cuando elegís construir algo diferente a lo que hace el resto, tenés que armar tu propio camino sin un modelo aue te indique cuál es el próximo paso, pero siempre tuve claro que la maternidad no era mi deseo. Me permití cuestionarme, analizarme, dudar, y siempre volví al mismo lugar, a la misma decisión. Compartir con otres que sienten igual me ayuda a recordarme que no estoy loca ni soy egoísta por confiar en lo que siento.

  4. Mi ideal de felicidad, dónde yo me sentiría realizada nunca incluyo hijes, soy egoísta de mi tiempo y mi paz, también debo reconocer que las parejas que tuve nunca estuvieron a la altura de mis expectativas, porque si se va a juzgar a una mujer por no ser madre también debe juzgarse a un hombre por no ser lo suficientemente maduro, centrado y autosuficiente para ser padre, quizás hubiera hecho la excepción de haber encontrado al correcto, pero no sé dió. Pero sinceramente nunca me vi en ese rol, por lo menos en uno que sea disfrutable

  5. Hace poco leí de donde viene el orígen de la expresión y me hizo bien, hoy tengo 54 años 7 gatos, 2 perros, estudie, trabajo, pero tuvo un costo no tener hijos y separarme, también decidir no volver a convivir con un hombre. El costo fue emocional y prestado, siempre las mismas preguntas, mi madre quien ya murió decía sentir vergüenza por mi infertilidad, ella decía que yo era capona (termino que hace referencia a los animales castrados en italia). He mentido a algunas personas diciendo que no pude. Hoy se que fue una desicion que sostengo, disfruto de mis sobrinas, mi espacio pero me quedó cierto miedo «quien te va a cuidar…» horrible, tengo el privilegio de pagar una prepaga y lo siento como un seguro de vida, no tengo un super sueldo, pero tener la prepaga me da paz o sea que huella ha quedado. Igual siento en todo mi ser que fue mi desicion y me encanta, no imagino la vida con hijos/as/es, pero sí con sobrinas/os, animales , amistades, hermanos, mi trabajo, leer, mis plantas, mi ritmo.

  6. Soy Debo tengo 47 años sin hijos y con 2 gatites. Estoy muy orgullosa de mi desición de no ser madre. Y suelo comentar entre mis amigues lo feliz qué me hace mi vida y lo importante que ha sido no darle el gusto a nadie más que a mi misma

  7. Me encanta Natu! Siempre es tan hermoso leerte! y sobre todo conocerte un poquito más a través de tus escritos, un poco más de tu historia, de tu instinto, de lo que te mueve, de tu rebeldía bonita, esa que comparto y que me ha traído a donde estoy, también mi lugar feliz (y sin hijos) jajaja

    Un abrazo enorme! Gracias por compartir(te) 🙂

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