Ojalá alguna mujer me lo hubiera dicho

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De Ana Puch

Ojalá alguna mujer me lo hubiera dicho
a mis veintipico.

Ojalá alguna mujer me lo hubiera dicho
para darme cuenta de que yo no era la única,
de que otras habían tomado la misma decisión.

Ojalá alguna mujer me lo hubiera dicho
a mis veintipico,
para conocer su experiencia,
para saber que estaba bueno vivir así,
para no sentir tanta culpa y tanta deuda
(vaya a saber con quién).

Ojalá alguna mujer me lo hubiera dicho
a mis veintipico.
Necesitaba saber que la vida sin hijes también existía,
que no era un invento mío,
que podía continuar con mi vida
sin sentir que no había cumplido
(vaya a saber con quién).

Ojalá alguna mujer me lo hubiera dicho
a mis veintipico
y me hubiera explicado que La Tana,
la vecina de enfrente de la casa de mi infancia,
no era esa solterona que viajaba porque
“tenía que llenar el tiempo”,
sino una mujer que había elegido una vida
que yo todavía no me animaba a pensar.

Ojalá alguna mujer me lo hubiera dicho
a mis treinta y pico,
cuando ya había empezado a pensar mi decisión.

Ojalá alguna mujer me lo hubiera dicho
a mis treinta y pico
para no abrirme el camino tan sola,
para no sentir que estaba inventando una forma de vivir
que nadie más había elegido.

Ojalá alguna mujer me lo hubiera dicho
a mis treinta y pico
para no sentirme tan sola.

Ojalá hoy,
a mis cuarenta y pico,
pueda ser yo esa mujer que se lo diga a otra,
para ayudarla a abrirse camino,
para que no se sienta tan sola,
para contarle lo feliz que fue La Tana,
para estar cerca a la hora de tomar esa decisión,
esa decisión que continúa siendo tan difícil de tomar.

Ojalá alguna mujer me lo hubiera dicho
a mis veintipico,
a mis treinta y pico.
Hubiera sido todo más fácil.

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