El manual y las posibilidades.

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De Li Vomero

     De manual: ¡¡Mujeres!!… lo mejor, hacer llegar niñes al mundo.

     Y les niñes llegan con una agenda bajo el brazo…. para sus mamás. Está escrito en esas páginas lo que ocurrirá de ahora en más, a saber: alimentar, bañar, lavar, cocinar, vestir, desvestir, sonrisas, llantos, abrazos, suavidad, ternura, alegrías, preocupaciones, insomnios, cansancio, postergaciones. Durante largos años, vendrán días y noches de “tiempo compartido”, con una clara prioridad: esa o ese que acaba de llegar.

     Les niñes, traen además bajo el brazo, una promesa para sus mamás: la de un amor que lo puede todo, incondicional, que la hará sobreponerse a cualquier desilusión o desengaño que pudiera haberle causado alguna otra forma de amor, porque este nuevo, seguro, será “de verdad”.

     Traen también bajo el brazo para ellas, la posibilidad de llegar a una gran meta: cumplir con el deseo principal, ese que está grabado en el ADN de toda mujer: Ser Madre.

Madre, ese nombre tan preciado para todes, nombre propio, carta de presentación ante el mundo que nos exige “ser algo”. Lo personal y lo social en una misma voz.

     Pero pensándolo bien, la agenda que traen bajo el brazo les niñes, será agenda también para las recién nacidas. En realidad, empieza a aplicar para unas y para otras a la vez. Si bien en el caso de las madres, marca a fuego el presente; para las recién llegadas, va a presentar un camino a futuro, aunque tampoco tan lejano, o acaso, ¿a qué edad empezamos las niñas a jugar con muñecas y bebotes? Para ambas, ¡¡la agenda en pie!!

     “Ser madre” trae consigo también una esperanza, creando la expectativa, de que ese gran amor, brindará protección y reparo, una vez llegados los tiempos de la vejez.

     Mirando en detalle a nuestro alrededor, muchísimas veces, la promesa y la esperanza no se verifican. El manual suele estallar, a pesar de los forzados intentos que hacen muchas, para que coincidan los relatos con la propia realidad, o con lo que imaginan, será en algún momento esa realidad. Si estamos dispuestas, lo observaremos en nuestras familias, nos lo dirán amigas y conocidas que ya fueron madres, directamente o a medias, ya sea con palabras o con actitudes.

     Lo lindo de los caminos es que una vez trazados, pueden dar lugar a otros caminos, que nos lleven a su vez, a lugares diferentes. 

     Ocurrió que muchas de nosotras, empezamos a sentir, que las del manual, no serían las mejores formas de pasar por la vida. Que nuestros deseos, así, en plural, corrían por fuera de la agenda maternal. Que nuestras formas de existir, también en plural, buscaban otras maneras de satisfacerse.

     Nos dimos cuenta que nos gustaba improvisar e ir construyendo lo propio, aunque algunas veces esto nos confrontara con el vacío, y en ese punto, sin buscar un atajo, nos animamos a persistir, y comprobamos finalmente, que, desde ahí, algo nuevo nos terminaba impulsando hacia lo inesperado una vez más. Y fuimos descubriendo que así nos gustaba estar.

     Pudimos sobreponernos a las voces de alerta, que se multiplicaban, que nos llegaban de acá y de allá replicando el manual y las consecuencias desastrosas para las que no lo cumplían. Y nos sobrepusimos, porque nos animamos otra vez a decir lo que sentíamos. Así nos fuimos encontrando con otras, que también se animaban a patear el tablero, a dejar de apretar el brazo, a soltar la agenda, a dejar que se la lleve el viento, para que también en el viento, nosotras, las cuestionadoras, pudiéramos empezar a escribir, sobre cómo íbamos construyendo nuestras vidas, a través de qué acciones, acercamientos, referencias, que otros deseos, sentires, dolores, descubrimientos nos eran posibles. Historias de cómo íbamos, poco a poco, cargando una agenda propia por fuera de la que nos venía dada.

     Habiéndonos autorizado a disentir, a cuestionar, hoy podemos afirmar desde nuestra experiencia, que, ser madres, es solo una de las posibilidades con las que contamos, una posibilidad entre muchas. Lo hacemos con la felicidad de habernos arriesgado a forjar, cada una dentro de sus posibilidades, un camino personal. 

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