De Cho Nam-joo (Fragmento)
La madre de Kim Ji-young no pudo cuidar de su hija durante el periodo del posparto. El restaurante de gachas no marchaba como antes por la diversidad de ofertas que había ya en la zona y, para reducir el coste de personal, su madre se había puesto a trabajar en él. Así, el negocio se mantenía como para proporcionar a sus padres lo suficiente para financiar los estudios de su único hijo varón. La madre, cada vez que tenía tiempo, le traía comida del restaurante.
—¿Cómo puede ser que, siendo tan flaquita, hayas tenido un bebé, la des de mamar y la cuides? Estoy muy orgullosa de ti. La fuerza de una madre es grandiosa.
—Mamá, ¿cómo hiciste tú para criarme a mí y a mis hermanos? ¿No fue duro? ¿No te arrepentiste de tenernos? ¿Tan fuerte eres?
—Ni me preguntes sobre eso. De bebé, tu hermana lloraba tanto como ahora. Chillaba día y noche. Ni me acuerdo de cuántas veces tuve que ir al hospital porque no paraba de llorar. Además, erais tres. Pero tu padre ni siquiera cambiaba los pañales y yo debía servirle a tu abuela las tres comidas del día a la hora exacta. En fin, entre que tenía sueño y me dolía todo el cuerpo, tenía otras mil cosas. Viví un infierno.
Si fue tan dura su vida, ¿por qué mamá nunca habrá dicho que fue demasiado para ella? Pero no era solo su madre. Ni los parientes ni otras mujeres ni sus amigas le habían contado a Kim Ji-young con exactitud qué implicaba tener un hijo y criarlo. La televisión o las películas solo mostraban a niños bonitos y tiernos, e insistían en que una madre es bella y grandiosa. Por supuesto, Kim Ji-young iba a criar a su niña con responsabilidad y amor. Sin embargo, por nada del mundo quería escuchar a la gente decirle que estaban orgullosos de ella o que era estupenda. Consideraba que cumplidos como esos le impedirían expresar que la maternidad le parecía demasiado dura.
El año en el que se casó, en la televisión habían pasado un documental sobre partos humanizados. A partir de ello se publicaron varios libros relacionados, generando una cierta tendencia a preferir ese tipo de partos. La intención era privilegiar la voluntad de la mujer, favorecer la mínima intervención y procurar que el parto se desarrollara de la manera más natural posible. Sin embargo, el nacimiento seguía siendo un proceso difícil en el que se ponían en juego las vidas de dos personas. Por eso, Kim Ji-young optó por dar a luz en el hospital, con intervención y ayuda de profesionales médicos, pues juzgó que así estaría más segura. Estaba convencida, además, de que esa elección dependía enteramente de los valores y las condiciones de los padres, de ahí que no fuera cuestión de qué método era mejor y cuál peor. A pesar de todo, no pocos medios de prensa sembraban en las mujeres un sentimiento de culpa y angustia. Advertían que los tratamientos y las drogas que les administraban a las parturientas en los hospitales podían afectar al bebé. Gente que se tragaba pastillas por un leve dolor de cabeza y que pedía anestesia hasta para quitar lunares estaba presionando a las madres de este mundo para que aceptaran el dolor, porque todas sufren igual, y para que vencieran el miedo. Hablaban como si eso fuera amor de madre. ¿Sería aquello una religión? ¡Creed en el amor de una madre! ¡Os acercará al cielo!
—Gracias por todo, mamá. Si no fuera por ti, yo ya me habría muerto de hambre.
Kim Ji-young se limitó a darle las gracias a su madre. Nada más pudo decir a esas alturas.
Sinopsis: Su nombre es Kim Ji-young. Tiene 33 años y el nombre más común de Corea. Su historia ha incendiado Asia entera. «Ni siquiera yo sé si me casaré o si tendré hijos. O puede que me muera antes. ¿Por qué tengo que renunciar a lo que quiero ser o hacer por un futuro que no sé si llegará o no?». Esta novela ha pasado de ser la breve historia de una joven coreana a convertirse en un terremoto que ha sacudido a las mujeres de medio mundo. Kim Ji-young (que lleva el nombre más común entre las mujeres coreanas nacidas en 1982) es aparentemente una mujer como cualquier otra, con una juventud sin pena ni gloria, siempre a la sombra. Todo se retuerce cuando, de repente, Kim empieza a hablar con las voces de su madre, de una amiga desaparecida, de otras muchas mujeres. Lo que parecía una broma adquiere el tono de una respuesta, de una insurrección y, para los demás, el tono de una enfermedad.
Sobre la autora: Cho Nam-joo nació en Seúl en 1978. Se licenció en Sociología y ha trabajado durante diez años como guionista de televisión. Sus dos primeras novelas, Cuando escuchas con atención (2011) y Para Comaneci (2016), lograron la aclamación de la crítica y recibieron múltiples premios. Su primera novela traducida al español y publicada en Alfaguara, Kim Ji-young, nacida en 1982 (2019) se convirtió en un fenómeno entre el público de su país y fue finalista del National Book Award y fue llevada a la gran pantalla en 2019. Lo que sabe la señorita Kim es su última y esperada colección de relatos.

Un comentario
Me encanto!!dan ganas de leerlo todo!!Gracias x compartirlo!!