De Silvia Correa
Me miro… y el foco se dirige inmediatamente a las imperfecciones: ¿Qué debería modificar? ¿Qué ha desmejorado? ¿Qué me gustaría que no se notara en la mirada del otro?… ¡Mejor me alejo del espejo!
Entonces, recurro al trabajo espiritual: miro mi interior y otra vez… debería disminuir mi ansiedad… debería poder ser más confiada… debería poder esperar que el universo acomode las cosas….
¡¿Es que no hay un espejo en el que deje de juzgarme?!
¿Esos trozos que observo de mí, realmente me definen?
Cuando la mirada externa me llega ¿sólo es válida si confirma esos pedazos que recortan mis imperfecciones?
¿Por qué me cuesta escuchar y recibir la mirada que enaltece mis virtudes?
Nunca ser suficiente, en comparación, invalida la mayoría de mis deseos…
Con miedo, con vergüenza por no estar a la altura, hoy me animo a tratar de escribir y compartir algo que no sea un informe laboral.