El diccionario de las palabras perdidas

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Pip Williams

Traducido por Rosana L. Brizuela para MQNFT.

Oxford-  Enero de 1913

No había estado en el pub Old Tom desde la última vez que Tilda había estado en Oxford. Mientras Gareth y yo íbamos entrando, me acordé de Bill. Y después de Ella.

“¿Estás bien Esme?” 

Miré para arriba y vi colgando de la puerta del pub un dibujo de una iglesia. 

“Si”, contesté. Gareth me abrió la puerta. 

Old Tom estaba tan lleno como siempre y lo primero que pensé fue que Tilda no había llegado. Después la vi en una mesa con otras tres mujeres, justo en el fondo. Tuvimos que empujar para pasar a través de los pequeños grupos de hombres, pero ninguno parecía mirarla. Nada que ver con la última vez, hace siete años, que la miraban embobados. 

Tilda se paró y me abrazó. “Señoras, ella es Esme. Nos hicimos amigas la última vez que estuve en Oxford. 

“¿Vivís acá?”, preguntó una de las mujeres. 

“Si”, dijo Tilda, agarrándome del brazo para abrazarme. “A pesar de que se esconde en un establo”. 

La mujer frunció el ceño. Tilda se volvió hacia mí. 

“¿Cómo está avanzando tu diccionario, Esme?”

“Vamos por la S” 

“¿En serio? ¿Cómo puede ser que vayan tan lento?” Me soltó y se sentó. 

Las otras mujeres me miraban esperando que respondiera. No había sillas libres. 

“Juntamos las palabras de todas las cartas que recibimos, no es tan tedioso como parece”. Nadie dijo nada por un momento. Sentía a Gareth cerca y me sentí orgullosa de que hubiera venido. 

“Y este es…” Tilda titubeó y me hizo un ademán como de recordar. “Vos sos Gareth, ¿no?”

“Qué bueno verla de nuevo señora Taylor», dijo.

“Por favor, decime Tilda. Y  ellas son Shona, Betty y Gert.”

Shona era la más joven de las tres, no pasaba los veinte. Las otras dos me llevaban más de diez años.

“Ahora me doy cuenta quién sos», dijo Gert.  “Eras la asistente de Tilda en la obra de teatro”. La miró a Tilda. “Te acordás, Tilds? Esa fue mi primera manifestación en serio”. 

“La primera de muchas” dijo Tilda. 

“Y vienen muchas más, teniendo en cuenta el ritmo al que venimos”. Gareth me miró. “No estamos más cerca del voto de lo que estábamos hace una década”. Algunas cabezas se dieron vuelta para mirarnos. Tilda les sostuvo la mirada, desafiante.

“Y vos qué pensás Gareth?”, dijo Tilda.

“¿Del voto femenino?” 

“No, del precio de la carne. Obvio, del voto femenino”. 

“Nos afecta a todos», contestó.

“Un aliado, entonces” dijo Betty. En su acento se podía escuchar que era del Norte y me pregunté si había venido al Sur con Tilda. 

“Por supuesto”. 

“Pero qué tan lejos irías?” preguntó Betty.

“¿Qué querés decir?” 

“Que es fácil decir”. Me miró de reojo. “Pero las palabras no significan nada sin la acción”.

“Y algunas veces la acción puede ser perjudicial para las buenas ideas” dijo Gareth. 

“Y vos qué sabes de lo padecemos las mujeres, Gareth?” Tilda se recostó en la silla y tomó un sorbo de whisky. 

Mi cabeza iba y venía de uno a otra. 

“Mi mamá me crió sola mientras trabajaba en la prensa» dijo Gareth. “Sé bastante”. 

Gerth carraspeó. Tilda la calló con la mirada. Gerth levantó su vaso de jerry y noté que tenía una alianza de oro acompañada por otro anillo con un diamante gigante. Estaba una o dos clases encima de Betty. Shona se había quedado callada durante toda la conversación, con la cabeza inclinada.  Ahí me di cuenta que era la dama de compañía de Gerth. Mi corazón empezó a latir.

“¿Y vos qué sabes de padecimientos, Gerth? Le pregunté. Shona hizo lo posible para esconder la sonrisa. 

“¿Perdón?” 

“Me parece que no es todas estamos padeciendo de la misma manera.  No es verdad que la Sra. Pankhurst estuvo a punto de negociar el voto únicamente para las mujeres propietarias y con una educación superior, pero no para las mujeres como la mamá de Gareth,por ejemplo? 

Tilda estaba con la boca abierta, sonriendo con los ojos. Gerth y Betty estaban apaleadas y mudas. Shona levantó por un momento la mirada y después la volvió a bajar. Los hombres de alrededor nuestro,  de repente, se quedaron completamente mudos. 

¨¡Excelente!¨ dijo Tilda levantando su vaso vacío. Siempre me preguntaba cuando te ibas a sumar.

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