De María Sonia Cristoff
Conversaciones
Todo bien, sí. Mamá está bien, perfecta. A su manera, claro. ¿Tampoco? Pensé que aparecías de vez en cuando, que los llamaba. Es un desastre como yo entonces, qué cosa. Le costó un poco después de que murió papá, debe ser eso. Ahí nos vimos, ¿no? Le costó mucho, sí. Quién diría. Pero mi hermano se ocupa bastante. No vive con ellos, no, pero está ahí cerca. Esa suerte que tienen ustedes en los pueblos. Los veo todo lo que puedo, sí. Con ruta despejada, en cinco horas estoy. Pero no es tan fácil, estoy siempre sobrepasada de cosas. Claro, sí. Tres nietos. Dos varones y una niña, la malcriada de la familia. Bien, yo bien. Nacho no. Nilo. Sí, sí, claro. A todo el mundo le pasa, tranqui. Nilo también, sí, a mil también con sus cosas. No exactamente, pero algo así, sí. Hace esculturas. No tan así, son esculturas a partir de personajes de cómics, o de películas. Batman, Ironman, Hulk, la Mujer Maravilla, ese tipo de personajes, los debés conocer por los chicos. Algo así, sí. Por ahora, no. No, no. Bueno, bueno, te aviso. Te juro, te juro que vas a ser el primero en enterarte. Treinta y cinco. No, ni de casualidad. Estoy rodeada de mujeres que son madres a los cuarenta. Y muy buenas madres. Ya sé, ya sé. No, no, me fui del diario. Hace rato, hace como cinco años, ahora trabajo en una universidad. Algo así, sí. Se supone que edito, pero en realidad hago de todo. ¿Y ustedes, los chicos? Enormes ya, me imagino. Increíble, cómo pasa el tiempo. Sí, sí. Nos tenemos que mandar para allá algún día. Pronto. Arreglo con mamá, la cargo en el auto y vamos a verlos. Es un plan, listo, quedamos así. Ahora escuchame. No vas a poder creer para qué te llamo después de todo este tiempo. Necesito saber qué es lo que hace falta para cavar un pozo, uno profundo. En la tierra, en un jardín. Quiero saber si tengo que alquilar una máquina, una grúa, o si puedo resolverlo con palas, caserito nomás. No sé, no tengo idea. Un metro, dos. Tres a lo sumo. Supongo. Ah, eso ni idea. No, ni idea. ¿No son todas las tierras iguales? Ahá, claro, claro. Es tierra de un jardín, supongo que será una tierra blanda, ¿no? No importa de qué se trata, de verdad. Claro, ¡y salís en los diarios como el cómplice principal! No, nada. Quiero plantar unos árboles antes de irme, es eso. De la casa de una tía abuela lejana, vos no creo que la hayas conocido, es de la familia de papá. Era. Se acaba de morir. El árbol, el libro, los hijos, tal cual. Me quedo con el árbol. Por ahora, por ahora, está bien. Qué fanático sos, no cambiás más. No sé, qué sé yo. Tierra removida, supongo, sí. No puedo creer que hacer una pregunta se convierta en tener que contestar veinte, Rufino. Disculpame, sé que le ponés onda. Es que estoy apurada, tengo mil cosas que hacer antes de irme. En La Pampa. Y en un jardín, como te decía. Ahá. Sí. ¿Nada más entonces? ¿Nada de topadoras ni de excavadoras? Bien, bueno. ¿No se necesita mucha fuerza? Perfecto. No diría que bien entrenados, pero mis años de yoga me han dado fuerza de brazos, sí. Y por ahí encuentro a alguien que me ayude, algún buen vecino tiene que haber. Vos siempre igual, no hay caso. No tengo tiempo para esas boludeces. Voy a ver cómo me va con esto que me decís. Después te cuento. Ahora estoy a las corridas, me entretuve con la charla y tengo que llegar a ver al abogado que me está arreglando las cosas acá. Dale, te vuelvo a llamar pronto y arreglamos. Besos a todos por ahí. A los chicos, que ya ni deben saber quién soy a esta altura. Sin falta, sí, sí. Prometido. Y mil gracias por esto, Rufino, gracias de verdad.
Sobre el libro y autora.
Derroche
María Sonia Cristoff
Random House, CABA, 2022.
Contratapa: Una carta sorprende a Lucrecia. Entre frases iracundas contra el trabajo y el mito del progreso Vita, su tía recién fallecida, encriptó el mapa de un tesoro enterrado en medio de La Pampa. Poco a poco, esa voz y la sucesión de acontecimientos descabellados que desencadena trastocan sus costumbres mundanas y su férrea disciplina laboral.
Irónica y corrosiva, sin perder el sentido del humor ni por un instante, Cristoff revela el extractivismo vital que subyace en tantas prácticas contemporáneas. Del mail a la autobiografía, de la crónica de viajes al retrato y el telegrama, del teatro al cancionero anarquista, la novela se va armando en una superposición de personajes, formatos y géneros al modo de los números de las ferias o los circos ambulantes. Preciosamente escrita, Derroche es una brillante sátira social que homenajea a la picaresca y convoca a una fiesta de los insurrectos.
Sobre la autora: Nació en Trelew, en 1965. Es autora de Mal de época, Inclúyanme afuera, Bajo influencia, Desubicados y Falsa calma. Compiló una serie de volúmenes estrechamente ligados con su narrativa: Acento extranjero, Patagonia, Idea crónica y Pasaje a Oriente. Escribe en distintos medios. Da clases de escritura en dos universidades (UNA, Untref). Camina compulsivamente. Sus libros han sido traducidos a siete idiomas. Vive en Buenos Aires.
